Muerto, tirado sobre la acera de una transitada avenida, un jueves cualquiera, un jueves desolado y caluroso en el barrio Sajonia de Asunción.
Marte, decían que, tendría que verse del tamaño de
Muerto y arrugado sobre la tenue luz de un farol que le daba un sepelio lastimero.
Sus alas cubrían su cuerpo y lo abrazaban como único consuelo a esa imagen de soledad.
La gente pasaba y nadie parecía inmutarse acerca del rígido y retorcido cadáver postrado en la calle.
Un jueves cualquiera yacía sobre la avenida Carlos A. López de la manera referida, un mamífero volador, un murciélago.
No hay comentarios:
Publicar un comentario